Ruinart (Champagne)
El secreto de la delicadeza de Ruinart

El chardonnay está detrás de la finura y elegancia de Ruinart. La Maison Ruinart lo manipula con el cuidado que exige tallar un diamante en bruto.

Un componente tan frágil como el chardonnay es demasiado arriesgado para los menos audaces puesto que necesita un saber hacer específico. Su vinificación y el envejecimiento son fases delicadas que exigen toda la maestría de los jefes de cava de Ruinart. Sólo ellos consiguen que manifieste toda la riqueza, suavidad y refinamiento de sus aromas.

Las excepcionales cualidades del chardonnay siguen activas en la botella. Los ensamblajes de chardonnay son frescos y vivaces cuando se consumen jóvenes y despliegan toda su potencia aromática a lo largo del tiempo.

El chardonnay da vida a lo que se define como el "estilo Ruinart", un sabor refinado único e intemporal.

 
Un saber hacer único

La vinificación según Ruinart
El jefe de cava y su equipo imprimen su saber hacer a todas las etapas de la producción. Desde la selección de las uvas hasta el embotellado, ellos presiden la creación de cada cosecha. Después de seleccionar escrupulosamente las uvas, los crudos se vinifican por separado y luego se ensamblan. Se añade enseguida un licor de tiraje y levadura. Las botellas van entonces a la cava en donde el tiempo hará su trabajo

Buena parte de las cavas existentes en la Champagne tienen su origen en la época de los Galos y los Romanos. Se trata de canteras de extracción de piedra caliza para la edificación. La catedral de Reims, por ejemplo, fue edificada con esta piedra.
Las cavas, secreto del envejecimiento
En 1782 la Maison Ruinart fue la primera en adquirir cavas excavadas en la entrada de Reims. Su profundidad y la piedra caliza que albergan ofrecen una estabilidad térmica y una tasa de humedad perfectas. Las botellas se depositan de tres a doce años para sufrir un envejecimiento lento. Al final de este tiempo se procede al removido en el que la solera se sitúa en el cuello de la botella. Posteriormente y una vez expulsada la solera las botellas se dosifican y se les coloca el tapón y la etiqueta.

Entre creatividad y tradición
Los champagnes de Ruinart deben su renombre a la exigencia de perfección que anima a los jefes de cava. Maridan audacia y autenticidad para producir el champagne más puro.

 
Pequeña historia de Ruinart

Dom Thierry Ruinart, un monje visionario
Espíritu brillante del Siglo XVII, el monje benedictino Dom Thierry Ruinart fue también un emprendedor visionario. En el curso de sus viajes observó el entusiasmo que ya despertaba el vino de Champagne en las cortes de Europa. Entonces convenció y transmitió sus conocimientos a su hermano Nicolás, comerciante de tejidos, para que éste emprendiera el comercio del champagne.

Nicolás Ruinart II, heredero creador
Nicolás, sobrino de Dom Thierry Ruinart, decidió realizar el sueño de su tío y de su padre. Aprovechando una licencia real que autorizaba el transporte del vino de champagne en botellas, inauguró el 1 de Septiembre de 1729 la Maison Ruinart, la primera Maison productora de champagne. Envíó sus primeras botellas a viejos clientes compradores de tejidos. El éxito le acompañó y desde 1735 la elaboración de champagne pasó a ser la única actividad de la Maison Ruinart.

Los valores de la Maison Ruinart
A lo largo de los siglos la Maison Ruinart ha cultivado la excelencia como sistema de vida. Los sucesivos herederos de Nicolás Ruinart han colocado la calidad, la autenticidad y el refinamiento en el centro de la producción del vino de champagne. De esta forma han perpetuado la visión de Dom Thierry Ruinart, primer inspirador de su arte. En 1959 se creó la serie histórica de champagne "Dom Ruinart" como homenaje a la clarividencia de su fundador espiritual.

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