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La Casa Dom Pérignon ha perpetuado hasta la actualidad el enfoque visionario
que le imprimió su fundador, una visión que continúa expresando la esencia
del verdadero lujo: la reinvención continua de lo excepcional.
Esta
reinvención se ha convertido en la guía de Richard Geoffroy, el actual jefe de
cava de Dom Pérignon, mientras crea cada nueva cosecha de champagne. Tal como
él mismo dice, "Las uvas nunca son iguales de un año para otro. Si una
cosecha no cumple con las estrictas normas de Dom Pérignon, entonces no habrá
añada de champagne este año. No es un juicio de valor sino un criterio
estético".
La exclusiva personalidad de Dom Pérignon nace de este compromiso creativo:
Hay una permanente y paradójica tensión entre las cualidades distintivas de
una añada y el espíritu intemporal de Dom Pérignon; un sentimiento que le da
su carácter, ligereza, riqueza etérea y suavidad, desde el primer sorbo hasta
el último aroma en boca.
 La
profunda emoción de consumir Dom Pérignon nace precisamente de esa tensión
mantenida por una marca cuyo nombre está íntimamente asociado al nacimiento
del champagne hace más de 300 años; una marca que, a lo largo del tiempo, se
ha convertido en un indiscutido icono del lujo.
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