 La fascinante personalidad de Ardbeg, en la opinión de muchos expertos el mejor whisky escocés de malta, viene fuertemente influenciada por el entorno ambiental
de la destilería, situada en Islay, así como por los tradicionales métodos empleados en su elaboración.
Ardbeg, en gaélico, significa farallón, es decir, un pequeño cabo. La destilería está efectivamente junto al mar y en los frecuentes días de viento el oleaje se estrella en la línea costera acumulando algas cuyos aromas marinos se integran en la complejidad del whisky producido.
 Otra particularidad distintiva de este whisky proviene del método de tostado de la malta que se realiza quemando la turba de procedencia local en secaderos (pagodas) provistos solamente de
aireación natural, sin extractores. El humo acumulado impregna la malta dándole así un aroma final de turba que, en el caso paradójico de Ardbeg, resulta suave y agradable. El aroma, lejos de apoderarse del paladar o de la nariz, deja paso al carácter de la malta que así puede mostrar su dulzura y equilibrio. También tiene notas de yodo y
algas, un aroma marino.
 El whisky de Ardbeg está considerado por los entendidos, no como el mejor de Islay, sino como el mejor del mundo entero. Objeto de culto por parte de los expertos, es delicado y
complejo y se dice de él que es "como antiguamente solía ser el whisky".
Michael Jackson, un reputado crítico especializado en whisky, escribe: Es la terrosidad de Ardbeg, sus regustos de humo de turba, de hogueras de ramas verdes y de brea, que lo sitúan como el más tradicional de los whiskies isleños.
 La también tradicional destilería de Ardbeg está dotada de un encanto especial y de una larga historia. En antigüedad es la segunda destilería de Islay y parece ser que ya antes de 1794 se
destilaba en el mismo lugar cesando la actividad en esa fecha, al menos oficialmente, por motivo de los elevados impuestos. En este momento la envidiable situación de la vieja destilería cerrada (envidiable a los ojos de los avispados traficantes) parece ser que promovió la continuación ilegal de la actividad hasta que, en 1815, un nuevo
propietario obtuvo una licencia y reconstruyó totalmente la destilería reanudando la elaboración. En el año 1977 el complejo fue vendido a Hiram Walker, quienes necesitaban el suministro de malta para sus blendeds. A causa de la posterior relación de Walker con Allied Distillleries, la destilería de Ardbeg dejó de producir en 1981.
Siete años más tarde fue adquirida por Allied Distilleries quienes la volvieron a cerrar en 1996 para finalmente venderla en 1977 a Glenmorangie PLC que inyectaron un renovado ímpetu a las actividades.
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La forma y dimensiones del cuello de los alambiques empleados son decisivos en la obtención de los aromas así como del cuerpo y consistencia de los alcoholes producidos.
Ardbeg dejó de utilizar carbón para calentar las calderas de los alambiques en 1966, pasando a emplear vapor de agua en su lugar. El vapor produce un calentamiento mas suave y uniforme evitándose así la formación de puntos extremadamente calientes que tienden a requemar el contenido, lo que puede originar sabores desagradables. |